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Breviario

Gottfried Benn, médico forense

Breviario

Gottfried Benn © Archivo El Malpensante

Hace algún tiempo estuve intentando poner orden en la biblioteca de nuestro cuarto de huéspedes. De pronto me di cuenta de que tenía en las manos el primer libro que me regalaron en Alemania. Es una biografía de Gottfried Benn. Y Hellgard se llamaba la estudiante de Hispanística que me lo regaló: “Hellgard W...” reza su firma en la primera página. Sólo la firma, sin dedicatoria, lo que significa que era su propio ejemplar.

Nos conocimos en Bonn, en Bouvier, la mayor librería de la República Federal, a principios de 1965. Ella buscaba algunos materiales para su trabajo de grado; yo —sencillamente—, lectura. Ya no recuerdo quién abordó a quién, creo que fue Hellgard la que dio el primer paso (quizás avizorando una bienvenida oportunidad de practicar su espléndido castellano), y al poco rato estábamos sentados en un café de la Kaiserplatz, frente a la iglesia evangélica, y muy pronto se estableció entre nosotros una atmósfera de confianza mutua que nos permitía contarnos cosas como si fuésemos viejos amigos. 
Al cabo de más de una hora, tras un silencio, y cambiando bruscamente de tema, quiso saber si entre los poetas alemanes que ya había leído se encontraba Gottfried Benn. Le contesté la verdad: que era la primera vez que oía ese nombre. “Tienes que leerlo”, me dijo, “seguramente es el más grande que hemos tenido en los últimos tiempos”. Y luego me contó muy resumida la vida de Benn y, con detalle, su obnubilación transitoria por el nazismo. 
“Me llamo Hellgard”, y deletreó su nombre para que no me quedasen dudas, “H-e-l-l-g-a-r-d y no Helga, y eso debería indicarte, por muy poco alemán que sepas, que mis padres también creían en la superioridad de la raza aria. Para decírtelo sin rodeos, mis padres fueron nazis, y no podría decirte además si no lo siguen siendo en el fondo de sus corazones. Yo nací en plena guerra pero no recuerdo nada de ella, era muy chica. Sí recuerdo algo de la posguerra, pero en realidad me hice mayor en medio del milagro alemán. Y como siempre me gustó la poesía, llegó un día, sin más remedio, en que descubrí a Benn. Ya sa...

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