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El Malpensante

Breviario

Traidor a la patria

Hay hombres que a pesar de las exigencias e imposicones de los gobiernos, prefieren ser llamados traidores a la patria que soltar la pluma que les da voz y libertad.

Como en un argumento borgiano, donde el tiempo repite ciclos extraños, en 1952 Laureano Gómez presentó un proyecto de reforma a la Constitución colombiana de 1886. El sacerdote Félix Restrepo, con el ánimo de estimular el voto aprobatorio, señaló que todo colombiano que no apoyara el proyecto sería tachado de “traidor a la patria”. La siguiente es la respuesta de Caballero Calderón al reverendo padre.

De antemano me declaro traidor a la patria, a una patria a la cual ya traicionó mi padre, cuando se levantó en armas contra el decadente gobierno de la Regeneración en 1899. Soy traidor a una patria a la cual ya habían traicionado mis tíos y mis abuelos en la segunda mitad del siglo pasado, cuando armaron guerrillas contra los gobiernos despóticos que por entonces la devastaban, aun cuando todavía no osaran confundirse con ella. Soy traidor a una patria contra la cual levantó el puñal un pariente mío en la nefanda noche de septiembre, porque se resistió a aceptar que aun el propio Libertador fuera la patria. Soy traidor a la patria desde el día en que Ignacio Sanz de Tejada luchaba en Roma, como primer enviado de Bolívar, por convencer al Santo Padre de que la patria no era Fernando VII. Soy traidor a la patria desde mucho antes, cuando por libertarla de un gobierno despótico y extraño, Mariño y Soler entregó en Boyacá sus hombres y su hacienda al ejército que venía de los Llanos para luchar en el Pantano de Vargas. Y cuando murió de un lanzazo en San Mateo José Miguel Calderón, otro traidor entre tantos otros de quienes por fortuna desciendo.

Pertenezco a una familia de delincuentes y traidores, cuya voz se dejó oír por la primera vez en la Plaza Mayor de Santa Fe de Bogotá, cuando Acevedo y Gómez, de mi misma sangre traidora, invitó al pueblo de la Nueva Granada a que se levantara contra los gobiernos de España. Detrás de mí y en torno mío, en mi desgraciada familia, no veo sino traidores. Soy un traidor por la cabeza de mi padre y por el corazón de mi madre; un traidor por los cuatro costados, por las cuatro ramas de mis abuelos, y es tal mi obcecación que todavía no soy capaz de renegar de Acevedo y Gómez, de José Miguel Calderón, de Mariño y Soler, de Ignacio Sanz de Tejada, de Vargas Tejada y de Lucas Caballero. A sus traiciones las llamaron patriotismo en 1810, heroísmo en 1821, insensatez en 1830, radicalismo en 1850, liberalismo en 1899. Y va tan adelante y t...

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Eduardo Caballero Calderón

Prolífico escritor y periodista colombiano. Entre sus novelas se encuentran Siervo sin tierra, El Cristo de espaldas y Tipacoque.

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