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El Malpensante

Crónica

Fentanyl

Crónica de una adicción

¿Y al doctor quién lo ronda? Pues lo ronda, entre otras cosas, una peligrosa tentación en la que muchos caen. Ésta es la impresionante crónica de un anestesista que se envició al fentanyl —un opiáceo de última generación— y llegó por esa vía hasta la propia antesala del infierno.

Esta es la última vez que voy a hablar de esta vaina... Lo he tenido que hacer varias veces: en las hospitalizaciones, en consulta con mi psiquiatra y en el proceso de recuperación con el grupo. Esto ya no tiene sentido. Mi vida va por otro camino y recordarlo es muy doloroso.

De esto no se habla en mi casa. Nunca se toca el tema. Es una condición tácita entre mis dos hermanos y mis padres. El mensaje es: si usted está bien, nosotros le ayudamos; si usted está mal, paila, no cuente con nosotros. Pero eso nunca se ha dicho en palabras, los hechos hablan por sí solos. Hoy mi mamá ve una jeringa y entra en pánico. Empieza a llorar. Ella dice que si la tienen que operar, prefiere morirse antes de que le pongan fentanyl en la anestesia.
 
Hoy en día no me afecta la abstinencia, ni siquiera tengo craving, es decir, no siento ni la necesidad ni el deseo de consumir. Eso fue lo que llevó al fracaso mis tratamientos anteriores; aunque mi cuerpo estuviera limpio, mi mente seguía ansiosa por conseguir y consumir. Sólo un día, como seis meses después de haber parado, fui y compré una ampolla de meperidina. Tenía la certeza de que ya no me subyugaba y, al contrario, era yo quien la dominaba. Envasé media, me pinché y cuando iba por la mitad me detuve. “¿Qué mierda estoy haciendo?”, me pregunté. Entonces volví a vivir toda la película.
 
En 1997 terminé mi Servicio Social Obligatorio en Puerto Inírida. Cuando regresé a Bogotá tenía 24 años. Trabajé unos meses como médico con la Secretaría Distrital de Salud en el relleno sanitario de Doña Juana. David Andrés, mi hijo, acababa de nacer. Con Eliana, la mamá, ya no teníamos ninguna relación. Fuimos novios antes, mientras terminaba la universidad, pero para ese entonces, aunque yo respondía por David y ella contaba con mi apoyo, no nos veíamos.
 
Yo quería ser anestesiólogo desde que estaba en la carrera. En Inírida apliqué anestesia, sobre todo para legrados y procedimientos menores; un par de veces fueron anestesias generales para apendicectomías.
 
Me presenté a la Universidad del Rosario, al Bosque y a la Universidad Nacional. Pasé en las tres y obviamente me quedé en la Nacional.
 
En 1998 comencé la especialización. Ese año recibier...

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Comentarios a esta entrada

Sonia Poveda Lasso

Empecé a leerla y no pude parar. El final me deja muy impactada. Me gusta mucho que el relato sea en primera persona. Que buen texto Samuel, en serio me gustó mucho.

Sonia Poveda Lasso

Empecé a leerla y no pude parar. El final me deja muy impactada. Me gusta mucho que el relato sea en primera persona. Que buen texto Samuel, en serio me gustó mucho.

walter marmolejo

Por favor compartan con nosotros el resto de la historia. Es muy importante

walter marmolejo

Por favor compartan con nosotros el resto de la historia. Es muy importante

Bryan Diaz

Me encantó... de inicio a fin.

Sebastian Aranzazu

No me deja leerlo, que puede pasar ???

Su comentario

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